Guía de supervivencia básica para no sucumbir al fin de los tiempos.

Como aún nos queda un sorprendente hilillo de vida, que ya debería haberse cortado hace mucho tiempo, pero que no se corta debido al influjo de la presencia de la benevolencia divina que quiere que sigamos afilando y purificando la visión en la perfección de la contemplación de la no-dualidad de la realidad Una y Única, a pesar de que le pedimos todos los días al Dueño y Señor de Todos los Dominios que cancele ya este cuerpo y nos permita unirnos a nuestros iguales en la luz, en el ámbito puro del foco alumbrador de la luz de las luces;… como así son las cosas, pues, en lo que respecta al metaverso del personaje que creemos ser, hemos decidido escribir esto mientras nos terminamos de morir.

Hoy nos gustaría hablar acerca de los preparativos fundamentales que debemos acometer para acometer el fin de los tiempos, con vistas a salir indemnes de las acometidas finales de la bestia antigua, consistentes dichas acometidas en que la humanidad va a ser diezmada en un 90% y los sobrevivientes (unos 500 millones) van a ser deshumanizados, inmovilizados, chipeados y conectados a la “nube” –la IA (Inteligencia Artificial) que les inducirá en sus hackeadas mentes los metaversos digitales pertinentes, y que determinará la obsolescencia de cada meta-ciudadano.

Pero antes de hablar de los preparativos para ser salvos de la hecatombe que se avecina, dilucidaremos esta cuestión radicalmente importante y vital para saber por qué estamos como estamos y por qué vamos a estar mucho peor todavía en los años sucesivos: ¿por qué la bestia haría tal cosa?, a saber, ¿por qué diezmar al ganado humano y transhumanizar el remanente?

La bestia va a hacer tal cosa porque cree que la única forma de evitar el juicio post-mortem y ser arrojada al lago de fuego de la eterna condenación (que es el alejamiento definitivo de Dios) es hackeando el metaverso de la Torta Terrestre, de modo que sus habitantes no resuenen en afinidad con Allah, sino en afinidad hacia Satanás, para que así el clamor de la final trompeta convocadora de los muertos y de los vivos no sea sintonizada por nadie y pueda, por lo tanto, la bestia y sus adoradores perpetuarse indefinidamente en un paraíso terrenal construido a su medida, donde todo rasgo de lo humano habrá sido relegado al olvido y las cualidades de la infrahumanidad serán las que predominen eternamente en una eternidad bio-tecnológica de cuerpos-ciborgs receptores de la descarga de la consciencia humana de los cuerpos biológicos de la vieja normalidad no digital.

Una vez logrado esto, el componente biológico de la vida, tal y como fue diseñada y creada por el Creador, será descartado para siempre y la vida será una vida exclusivamente metavérsica-digital sobre la base nano-tecno-neuronal de una IA cuántica.

Estamos, pues, ante la eliminación del ser humano y su suplantación por el transhumano, un ser-engendro desconectado del Creador, esto es, desconectado de la fitrah –la naturaleza que nos es propia, y reconectado al maligno para la perpetuación de una forma de vida satánica ajena a la muerte física; una vida mantenida de forma artificial por medio de drogas e implantes de nanotecnología, en la fase inicial, para dar nacimiento en fases postreras al post-humano, una mera idea de realidad sobre la base de una proyección digital holográfica.

Para lograrlo, es decir, para lograr el perturbador logro de que todo el mundo aceptara la transición hacia una nueva era transhumana y digital, sin mayores disrupciones, fue necesario primero la producción de sociedades decadentes olvidadas de Dios, olvidadas de vivir sanamente y olvidadas de cualquier sentido trascendente de la vida y de la muerte.

Una sociedad de individuos supersticiosos adoctrinados en la creencia de la evolución por azar desde el mono, y éste desde una ameba, así como en la creencia anti-científica de una errática tierra-pelota voladora que vuela y gira alrededor de un sol también volador y errático, es una sociedad que le da la espalda a la inteligencia creadora y al plan salvífico que es la razón de ser del despliegue del Plano Terráqueo y de sus depositados seres humanos. Se trata, pues, de una sociedad ideal para ser moldeada al gusto de la bestia, pues individuos tales que conforman tales sociedades ateas son individuos sin más meta existencial que mantenerse vivos para que la fiesta del becerro de los disfrutes descorsetados no decaiga, y si decae, para eso están los hijos de puta de los médicos alópatas, para no curar, sino para enmascarar los síntomas de las enfermedades somatizadas en el alejamiento de la luz de la verdad.

El futuro será digital, metavérsico y transhumano, en un mundo felizmente despoblado, o si no, no habrá futuro. O sea, que los que no lo acepten y pretendan vivir humanamente lo van a pasar muy malamente. Por eso precisamente hay que matar a tanta gente, tanta como para matar a todos aquellos que no tienen cabida, o no caben,  en la nueva normalidad tecno-paradigmática de IA y robots trabajadores, empezando por los viejos y por los defectuosos, que serán los primeros en caer.

La abominación LGTBQ, el feminismo para descentrar a la mujer de su centro vital en torno a su sagrada maternidad, el hedonismo, el yolovalguismo yoístico, el egoísmo materialístico, el individualismo salvaje, el querer más a los animales que a los seres humanos, los viajes turísticos, etc, todo eso fue el preliminar caldo de cultivo para que ahora todos acepten el denigrante e insalubre bozal, como precursor del igualitarismo robótico, y las vacunas de despoblación planetaria, en la creencia de que si todos obedecemos el bicho será controlado y podremos volver a lo de antes, al vicio desconscienciado.

Empero, o pero, lo de antes solo va a volver de manera condicional, si y solo si la falsa pandemia es endemizada y controlada mediante una o dos inoculaciones anuales del veneno que llaman vacuna. Ya están trabajando en una vacuna asesina universal que sirva para todos los virus conocidos y desconocidos, junto con sus respectivas mutaciones.

Pasamos ahora a detallar los preparativos necesarios para salir indemnes de la hecatombe transhumanista. Seremos breves, pues ya se ha extendido mucho este posteo, y además la cosa no requiere de mayores explicaciones para aquellos que conserven medio gramo de cordura.

Para ser salvos, o sea, para sobrevivir al fin de los tiempos lo que hay que hacer es centrarse en la salvación del alma, que no del cuerpo. Todos aquellos que rechacen la marca de la bestia y la transición digital post-humana serán perseguidos y exterminados, por lo que no merece la pena acumular comida, agua y otros enseres básicos para prolongar la agonía de vivir fuera del sistema satánico.

Y en cuanto a la salvación del alma, lo que hay que hacer es hacerse musulmán, estudiar el Corán y aplicar sus enseñanzas, de modo que la luz de la verdad germine en el corazón y florezcan sus frutos de vida eterna.

FIN.

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