No hay nada que celebrar, o quizás sí.

Para celebrar que no hay nada que celebrar, excepto el hecho de que seguimos resistiendo las acometidas de la bestia, que en una pretendida intentona persistente pretende deshumanizar al remanente humano fiel, de modo que porten el bozal del adiestramiento perruno y contaminen su sangre con las venenosas vacunas de despoblación planetaria de la Tortilla Terrestre… para celebrar eso hemos decidido escribir acerca de los estragos de la decadente cultura occidental en las mentes de los desdichados hijos de los descerebrados vacunados –que esperamos pronto se pudran todos-, en una intentona por tratar de dilucidar de dónde viene el extravío traumatizante de la impostura del género, según la cual para ser libre, feliz y fluir en la vida hay que indagar con qué género, sexual o no, fluimos mejor existencialmente con la vida del personaje que creemos ser, o sea, del fantasmagórico ego, independientemente de si tenemos vagina o pene, meros constructos indiferentes al verdadero género que cada cual decida asignarse.

El corolario al que llegamos es que la pergeñación de sociedades decadentes le sale muy rentable a los terroristas del gobierno, en aras de aplicar las ordenes del deep state tendentes a una feliz transición verde, digital y transhumana hacia la nueva era transhumanista de IA (inteligencia artificial) y robots trabajadores, en la que solo caben, o entran, unos 500 millones de entidades humanas, teniendo que ser el resto liquidados sin que se den cuenta, para lo cual el ganado humano será vacunado de cobi todos los años, mientras se les distrae con las bondades y beatitudes de haber matado a Dios y de vivir, en consecuencia, como unos degenerados inconscientes sin más moral que la moral que dicta que la única moral válida es la moral del “porque yo lo valgo” –el yolovalguismo.

Sin duda, o no cabe duda, que el escarmiento que van a sufrir los ateos, en esta vida y en la otra, va a ser descomunal, por la facilidad con la que han incurrido en la dejación de sus responsabilidades espirituales en pos de la trascendencia, de modo, o manera, que están indefensos y expuestos a la trituradora de la bestia, creyendo que todo es por su propio bien, seguridad y felicidad, cuando en realidad lo que pasa es que el alejamiento de la fitrah –la naturaleza que nos es propia conforme al plan divino de la creación del Creador-, cataliza, o dispara, las fuerzas de la auto-destrucción degradante y auto-inmoladora.

Como la gente es gilipollas, aparte de ser unos hijos de puta bastardos la mayoría de ellos, y piensan que el sentido de la vida es no perderla para que los placeres mundanos no se desvanezcan,-cuando el realidad el sentido de la vida es ser lo que ya somos tras el velo de las apariencias-, harán cualquier cosa que los terroristas les digan que hagan, por su propio bien y seguridad, manque eso les cueste vivir cada vez menos en la realidad real, cada vez más de forma más infrahumana y cada vez más en la inmovilidad de un metaverso on-line casero, todo ello sin necesidad de trabajar ni de preocuparse de nada para su subsistencia, pues el gobierno terrorista se encargará de proveer la comida sintética, las vacunas y las medicinas de cada meta-ciudadano, simplemente a cambio de permanecer conectados a la interfaz de la bestia indefinidamente, hasta que la IA los desconecte, mueran y sus cuerpos sean destinados a la fabricación de hamburguesas chatarra.

Al sistema le sobran 7 mil millones de personas. La mejor  manera de matarlas sin que se den cuenta es mediante las campañas de vacunación anual frente a la Covid-19, según expertos. Aparte de eso morirán de golpe mil millones de criaturas simiescas durante la mini-guerra nuclear acordada, y dos mil millones más morirán a consecuencia de la hambruna posterior a la deflagración de los 300 artilugios nucleares que serán detonados aquí y allá. Es necesario el genocidio del hombre-simio para que el inicuo hombre de perdición se manifieste y reordene el mundo al abrigo, o amparo, de la sacrosanta tecnología transhumanista, tendente a que no quede ni un solo ser humano realmente humano sobre la faz de la Torta Terrestre, de modo que la conexión hombre-Creador sea cercenada para siempre y la bestia y sus adoradores puedan perpetuarse infinitamente en un paraíso satánico terrenal inaccesible al ajuste de cuentas post-mortem. Gracias a la tecnología posibilitadora de una IA cuántica no será posible morir, sino perpetuar la consciencia eternamente de forma holográfica , o metavérsica, sobre la base de una red neural de bio-tecnología integrada en los cuerpos biológicos de los supervivientes y que todos habrán de aceptar, bajo pena de muerte si se niegan.

Son unas muy malas noticias y expectativas las que traemos a colación hoy, unas noticias funestas para todo el mundo, excepto para el remanente humano fiel que se niega a ser deshumanizado, por preferir morir mártires antes que ceder y normalizar la anormalidad de vivir y de morir sin consciencia luminosa, esto es, trascendente. Para estos individuos que conforman el bastión humano final las noticias, empero, o pero, son en realidad muy excelentes, ya que el ennegrecimiento de las psiques de la mayoría indica que la luz se reconcentra en menos portadores, razón por la cual el resplandor de sus fulgores se intensifica en los elegidos para poder seguir siendo humanos hasta el final, a medida que declina la luz de los imbéciles, que son ciertamente la mayoría.

Morir en estado de gracia espiritual, sin haber recibido el sellamiento de la bestia en forma de vacuna venenosa, o en forma de cualquier otra forma en la que se expresa el maligno, principalmente en la forma cultural del marxismo cultural yolovalguístico, es una bendición que facilita y habilita el asentamiento definitivo en la luz de las luces, a saber, en el foco alumbrador que todo lo ilumina y que todo lo penetra, incluido el metaverso del yo de los necios que se creen que son sus propios personajes. ¡Cuán lamentable imbecilidad!

Tras haberse adecuado la psique en torno a la espiral de los fulgores incontenibles e inasibles de la verdad, Una y Única, la muerte no es más que un velo que se alza para dar alumbramiento a un espectáculo maravilloso, en el que las vírgenes del paraíso, intocadas ni por hombre ni por yin, son el menor de los deleites. Esto para los que medraron en la luz durante la prueba de la vida, a los cuales no les espera sino la inercia beatífica de sus vivencias terrenas, o terrenales.

Empero, a los vacunados les espera algo terrible tras la muerte: la inercia del metaverso del miedo que se perpetuará ad infinitum, ante la incapacidad de discernir entre el metaverso en sí y la luz que alumbra al metaverso, sea éste un metaverso infernal, neutro o celestial.

Para no morir en estado de indignidad capadora de la trascendencia es urgente hacerle caso a lo aquí expuesto por uno de los nuestros, con vistas a una vida post-mortem luminosa y deliciosa en la luz que todo lo alumbra, o ilumina.

FIN.

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