Cada vez estaremos más cerca del objetivo final de la Agenda 2030 de la ONU: una radical despoblación, robotización del trabajo y vida online de los supervivientes.

Las élites sugieren controles de precios y distópicas restricciones de viaje para «gestionar» los crecientes costes de energía.

Miami Standard – Departamento de noticias

La crisis del precio de la energía de mediados de la década de 1970 condujo a la reducción de los límites máximos de velocidad nacional de 120 a 90 km/h. La reducción del 21% en la velocidad equivalió a un ahorro en el consumo de gasolina. Ahora, la Agencia Internacional de Energía (AIE) ha propuesto medidas similares para atenuar el shock petrolero tras la invasión rusa de Ucrania y los embargos sobre el crudo ruso.

La AIE dijo que las economías occidentales podrían reducir la demanda diaria de petróleo en 2,7 millones de barriles en cuatro meses al restringir la forma en que conduce la gente, lo que indica que la medida para reducir la velocidad en las autopistas casi podría compensar la pérdida de 3 millones de barriles por día de la producción rusa en abril.

“Estos esfuerzos reducirían el aumento de precios que sienten los consumidores de todo el mundo, disminuirían el daño económico, reducirían los ingresos de hidrocarburos de Rusia y ayudarían a llevar la demanda de petróleo a un camino más sostenible”, dijo la AIE.

La AIE ha presentado un plan de acción de diez puntos que espera que los países occidentales implementen para reducir la demanda de petróleo.

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Reducir los límites de velocidad en las autopistas en al menos 10 km/h

Impacto: ahorra alrededor de 290 kb/d de uso de petróleo de automóviles y 140 kb/d adicionales de camiones

Trabajar desde casa al menos tres días a la semana cuando sea posible

Impacto: Un día a la semana ahorra alrededor de 170 kb/d; tres días ahorra alrededor de 500 kb/d

Domingos sin coches en las ciudades

Impacto: Cada domingo ahorra alrededor de 380 kb/d; un domingo al mes ahorra 95 kb/d

Abaratar el uso del transporte público e incentivar la micromovilidad, caminar y andar en bicicleta

Impacto: ahorra alrededor de 330 kb/d

Acceso alternativo de vehículos privados a las carreteras de las grandes ciudades

Impacto: ahorra alrededor de 210 kb/d

Aumentar el uso compartido de automóviles y adoptar prácticas para reducir el uso de combustible

Impacto: ahorra alrededor de 470 kb/d

Promover la conducción eficiente de camiones de carga y entrega de mercancías.

Impacto: ahorra alrededor de 320 kb/d

Usar trenes nocturnos y de alta velocidad en lugar de aviones cuando sea posible

Impacto: ahorra alrededor de 40 kb/d

Evite los viajes aéreos de negocios cuando existan opciones alternativas

Impacto: ahorra alrededor de 260 kb/d

Reforzar la adopción de vehículos eléctricos y más eficientes

Impacto: ahorra alrededor de 100 kb/d

El shock del precio del petróleo de hoy puede sugerir que los controles de precios son lo próximo. El primer ministro de Italia, Mario Draghi, declaró el viernes que el control de precios podría llegar a los mercados de gas natural, lo que probablemente signifique que la gasolina sea la próxima. Los que recuerdan la década de 1970 y el impacto que causó el aumento del precio de los productos básicos probablemente comprendan que la agitación actual está lejos de terminar.

gas2SONDAS.BLOG: Ya hemos visto a lo largo de la pandemia que uno de los objetivos de este montaje vírico era acostumbrarnos a una situación progresiva de distopía, algo así como una catástrofe que no sabemos muy bien de dónde nos ha venido, pero que está impregnando nuestras vidas, nuestras sociedades. Durante la pandemia se nos prohibía viajar e incluso movernos por nuestras ciudades, pues había un claro riesgo de infectarnos. Muchas fábricas dijeron a sus empleados que de momento se quedasen en casa y las cadenas de distribución comenzaron a fallar. Era un auténtico espectáculo. Los puertos más importantes del mundo estaban colapsados, con cientos de barcos esperando a poder atracar en sus muelles. Los periódicos más influyentes de Estados Unidos mostraban fotos de supermercados con estanterías vacías.

Al mismo tiempo, y por si el pánico no había hecho acelerar nuestros corazones hasta rozar la taquicardia, ahí estaba el cambio climático haciendo de las suyas. No obstante, nos llegaban esperanzadoras noticias, en las que se nos prometía que pronto volveríamos a la Luna y construiríamos bases permanentes en el satélite, en Marte y quién sabe dónde más.

Había, pues, un Plan B en caso de que los virus, la imposibilidad de transportar mercancías, el cambio climático, los extraterrestres… acabasen con la vida en la torta terráquea. Mas a excepción de unos cuántos neuróticos, esas promesas no entusiasmaban a nadie.

Ahora, es la guerra de Ucrania la que está acentuando el problema energético, la movilidad y, por lo tanto, los sistemas de distribución. El asunto, como en el caso de la pandemia, aparte de absurdo, es estúpido, pues basta con seguir comprando petróleo y gas a Rusia para que se acabe la escasez de energía. Es lo que ha hecho India –le acaba de comprar 3 millones de barriles a Rusia. Pero han demonizado a Putin, hasta ayer uno de los dirigentes más respetados del espectro político mundial, y por ello ya no llegará gas ni petróleo ni muchas otras mercancías a Occidente. Es como si llegase a la puerta de nuestra casa el camión con gasóleo para la calefacción y comenzásemos a insultar al conductor y a tirarle piedras, y éste no tuviese otro remedio que irse sin realmente entender lo qué había pasado. Ahora, sentados en el salón, muertos de frio, nos quejamos de que ese conductor se haya ido y nos haya dejado con el depósito de combustible vacío.

Mas la irracionalidad es más achacable a los ciudadanos que a los gobiernos, pues ellos no van a tener problemas energéticos ni de ningún otro tipo. Somos nosotros los que estamos sufriendo las consecuencias de una política inverosímil, de una política montaje como la de la pandemia, como la de siempre. Mas no logramos reaccionar y simplemente nos quedamos abobados escuchando los consejos que nos dan los máximos responsables de la Unión Europea y de Estados Unidos –tendremos que pasar un poco más de frío, pagar más y movernos menos, pero merecerá la pena este sacrificio si con ello logramos hundir a Rusia, desalojar a Putin del poder y obligarles a seguir nuestros valores y a velar por nuestros intereses.

Las cosas van a ir a peor, pues antes de que puedan construir nuevas sociedades, nuevas formas de vida manipulando las que ya existen, tendrán que destruir, arrasar, aniquilar, eliminar, allanar el terreno. Y a todos nos parecerá bien. Han estado dos años jugando con nosotros, divirtiéndose a costa de nuestro miedo, de nuestra ignorancia, de nuestra negligencia y despreocupación. Saben que no tienen que esforzarse para que les obedezcamos con absoluta sumisión.

Pronto habrá problemas reales de combustible para las casas y para los coches. Las calles serán cada vez más peligrosas y menos atractivas. Los alimentos escasearán y los precios en general subirán astronómicamente. Cada vez estaremos más cerca del objetivo final de la Agenda 2030.

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