ESE DÍA FATÍDICO.

La paz sea con vosotros (salamu ‘alaikum). Para celebrar que estamos viviendo el fin de las eras, o de los tiempos, o de los siglos, o de las edades, y que pronto moriremos indoblegados a los terroristas del gobierno podrido de España al servicio de la bestia, con nuestra sagrada sacralidad innata incontaminada por la sustancia inmunda que llaman “vacuna” covid, hemos decidido arrejuntar algunas palabras a modo de esparcimiento estrafalario, en espera de lo que ha de acontecer a los que creen en la superstición de que a la vida se viene a disfrutar lo que se pueda, al estilo desconscienciado de los creyentes en la superstición ateísta y evolucionista desde el mono, y éste desde una ameba, todo por azar, en contraposición a la sana cosmovisión que alumbra la visión de los verdaderos hombres, consistente en que el ser humano es una proyección holográfica proyectada, o sea, depositada, en la Torta Terrestre por Allah el Altísimo con un propósito trascendente, tendente a trascender el mundo perecedero y asentarse en las sempiternas luces.

Para saber acerca del sentido de la vida y de la muerte, y no morir en estado de putrefacción vacunal profundo, es muy importante leer el Corán y su libro de comentarios, publicado en sondas.blog.

En añadidura diremos que la única forma de salvaguardar la seguridad del depósito de la fe confiado al ser humano y el no resquebrajamiento del espejo de la consciencia, para no verse atrapado en el torbellino de los demoledores estragos del fin de los tiempos, es afianzar el corazón en la luz del discernimiento que discierne lo verdadero de lo falso, a la luz del alumbramiento de la luz que alumbra todas las cosas.

¿Qué es esa luz? Es una luz asombrosa que destierra toda sombra de duda acerca de la verdad desnuda que los impostados yoes impostan, o velan, con las inercias auto-afirmantes de la irrealidad de los espejismos que son las personas, o personajes que las personas creen ser, mediante el medrar de todo aquello que afianza el ego (la falsa idea de un “yo” personal) en detrimento de la clara percepción de la luz que alumbra la consciencia, que una vez alumbrada encumbra a los perceptores a la estación del gozo en la contemplación directa de la luz de las luces, una vez disueltas las particularidades de los personajes del entramado que entrama la trama de la existencia condicionada.

Una vez establecidos en la verdad y desestablecidos en la mentira, lo único que resta por hacer es alabar la suprema gloria del Creador increado, mientras se contempla la agonía auto-destructora de los ateos que se pudrirán rebosantes en la pus de su propia ignorancia cuando todo lo que ha de acontecer acontezca en ese fatídico día y comience la fiesta del Gran Reseteo del foro económico mundial, consistente en que 7 mil millones de ateos han de morir para erigir un nuevo mundo sostenible, verde y transhumano, manejado por robots y teledirigido por IA (Inteligencia Artificial).

En un mundo tal, los sobrevivientes no tendrán nada pero serán felices en los metaversos que la bestia inducirá metavérsicamente en sus mentes desde la inmovilidad del confinamiento casero obligatorio que el anticristo decretará por el bien común y la seguridad planetaria.

Nada de eso tocará, empero, a los hombres de Dios, los cuales se desprendieron de la aparatosidad aparente de los ropajes de sus apariencias mundanas, para pasar a revestirse con la luz del alumbramiento; una asombrosa luz que todo lo trasciende, que todo lo ilumina y que todo lo preña de gozo sublime.

Para saber más, leer el Corán. Y para saber lo mismo que ya se sabe, esto es, nada de nada, no leer el Corán y vacunarse otra vez en el otoño-invierno que viene para hacer una inversión de futuro, protegerse y proteger a los demás; así morirán pronto y se podrá salvar el planeta Tierra de la perturbadora presencia masiva del hombre-simio.

(39) Ese será el Día de la Verdad. Así pues, quien quiera que se refugie en su Señor. (40) Os hemos advertido de un castigo cercano –el Día en el que el hombre contemple sus obras y diga el encubridor: “¡Ay de mí! ¡Ojala fuera tierra!”

CORÁN, SURA 78.

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