UNA REFLEXIÓN ACERCA DE LA MUERTE.

Mientras creí vivir,

Temí morir;

Cuando morí al temor,

Amanecí a una vida nueva;

Cuando desperté a este nuevo estado,

La estación de la perplejidad en el no-tiempo

Señoreó mi cuerpo;

Cuando me empoderé en la atemporalidad,

Regresé al tiempo

En la ausencia de mí mismo

Y engalanado con las luminarias

De una visión excelsa

Que no proyecta sombras.

-despojosdeoccidente-

COMENTARIO:

Morir es una maravilla para todo el mundo, excepto para aquellos que desperdician sus vidas en vano y la malgastan tras inútiles afanes y placeres huecos, razón por la cual, aunque parezca y sea una paradoja, la tendencia alcista de los suicidios no tiene visos sino de seguir al alza, pues la auto-muerte se convierte en la única medicina posible para aliviar el desasosiego de las masas de no saber para qué se vive y para qué se muere, una vez que la fuerza vital declina y la depresión emerge.

Empero, los que saben que somos una realidad no-nacida y que moramos en la eternidad atemporal del instante presente, morir es la maravilla de la toma de consciencia del sentido de haber sido depositados en la Torta Terrestre, a modo de holograma, para jugar a asentarnos en la luz que alumbra el holograma, y no en las formas holografiadas, todas ellas inconsistentes y superfluas, o sea, irreales. La realidad, la vida, de las cosas no está en las cosas, sino en la luz que a las cosas alumbra.

Para taponar el vacío existencial y velar la luz de esta perturbadora verdad que aniquila el “yo” observador en la luz de las esencias de Layla –la mujer primigenia-, el degenerado hombre moderno se explaya en todo aquello que exacerba la idea de estar vivo, mediante todo aquello que refuerza el “yo soy” en detrimento de la realidad atemporal del vacío omni-presente y omni-penetrante; y nada hay que fortalezca el yo más que el placer y el dolor de no obtenerlo, cuanto más delirantes sean esos placeres y dolores, mejor.

Por eso los verdaderos hombres rechazan el placer, aun en medio del placer del coito sexual, y rechazan el dolor, aun en medio del tormento de la enfermedad, y se elevan gloriosos, sin necesidad de alas, a la estación de la no-muerte que solo los que mueren en vida huellan.

ELLA NO ES ELLA, SINO LA LUZ QUE A ELLA ALUMBRA.

DEDICADO A LAYLA, CON AMOR.

FIN.

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