El ineludible destino de ese crucial día.

El ser humano no puede vivir sin adorar algo, siendo ese algo que adore lo que determina su destino, sea fatal o encumbrado.

Cuando la meta existencial es meramente prolongar la sensación de estar vivo en detrimento de la verdadera vida que es morar en la intimidad de la sacralidad del verdadero ser que es la razón de ser de todo, esto es, cuando la apostasía es generalizada y la gente no cree nada más allá de darle gusto al cuerpo mediante la gratificación de los sentidos para afirmamiento del anquilosamiento del yo separado de la Fuente -en la cual no hay yoes ni túes, y de ahí el empeño del ganado humano en perpetuar la ilusión de la existencia terrenal- entonces es que ha llegado la hora de que se retire el manto de la égida de la misericordia que protege al ser humano de la infrahumanidad a la que está abocado cuando la bestia se empodera y desata su agenda para quebrar, de una vez por todas y definitivamente, la conexión criatura-Creador, en vistas a la suplantación del paraíso celestial post-mortem por un paraíso materialista donde nadie tendrá nada pero todos serán felices, pues vivirán la felicidad meta de los ciudadanos metaverseados, o sea, convertidos en robots teledirigidos por I.A. (Inteligencia Artificial)

Para llegar a donde hemos llegado, esto es, al filo del gran reinicio transhumanista como culmen de un proceso de larga data de despoblación, deshumanización y destierro de Dios, primero fue necesario convencer al ser humano de que Dios y su Ley Natural (fitrah) no existen. Empero, como el ser humano no puede vivir sin Dios, sin una referencia a la que adorar-amar, se crearon otros dioses suplantadores de la Verdad Una y Única; dioses tecnológicos exacerbados ahora, en el fin de los tiempos, por el progreso del anticristo.

El dios tecnología ofrece lo mismo que ofrece el Dios Uno, Único y Eterno, pero en el plano de la no trascendencia, esto es, en la Torta Terráquea. La tecnología, según reza el degenerado hombre moderno, facilita las cosas y hará nuestra vida más amena y distendida, liberándonos para que tengamos mucho más tiempo de disfrutar de la existencia simiesca y no tengamos que preocuparnos por la expiación a través del dolor como modo de purificar la consciencia para que la consciencia brille purificada de la idea de yo tras la caído del velo del mundo.

Según dicen los sacerdotes del gran reinicio, los robots y la I.A. se encargarán del trabajo sufrido, mientras que la gente se limitará a disfrutar de la vida sin trabajar, a costa de lo que el estado terrorista provea; eso los que sobrevivan a la agenda 2030 de despoblación planetaria, pues sostener a tanta gente ociosa, aunque sea en un metaverso virtual, es insostenible.

Como consecuencia del desastre ateísta ahora todos van como meta-burros, con la cabeza gacha mirando la pantalla para chequear los DM’S, los mensajes directos que la bestia les manda a cada instante para decirles que fulanito quiere follar contigo, o que fulanita ha aceptado tu petición de reenvío de fotos empelotas, o que menganito ha sido aceptado en un taller LGTB para la indagación de nuevas identidades sexuales o no sexuales en aras de fluir mejor con la vida, o que putanito ha cagado mierda no densa, o que putanita ha logrado cien mil suscriptores en su canal influencer, etc.

El corolario de que el ser humano se preocupe de cualquier cosa intrascendente antes que de la trascendencia post-mortem, es que la bestia los va a destruir a todos, pues la bestia no tiene otra finalidad existencial que quebrantar y derruir el espejo de la consciencia humana para que la consciencia humana no refleje la luz del Creador, sino la sombra de la existencia condicionada, que hallará su expresión culmen, o culminante, en la manifestación del anticristo, después de la guerra nuclear y la hambruna global que se desatarán en breve.

De esta forma, una vez que la despoblación planetaria sea un hecho y los sobrevivientes sean metaverseados, o sea, desgajados de sus restos remanentes de humanidad mediante la conexión a la mente-tecnológica del anticristo, la bestia espera que la frecuencia de la resonancia del soplido de la final trompeta no sea oída por nadie, de modo que el ajuste de cuentas post-mortem no sea establecido y no se desplieguen los ámbitos celestiales para los justos y los ámbitos infernales para la bestia y los que fueron sellados por la bestia, según la meritocracia espiritual que Dios dispuso desde antes de la manifestación del tiempo.

Finalmente, cada cual morará en aquello en lo que haya medrado su consciencia.  La muerte no existe.

FIN.

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