Cómo revertir la desidia existencial y gozar de la vida, según un sabio del mundo antiguo.

Las tres formas de confianza plena en la Realidad Genuina.

A los pies de Marpa el traductor me inclino.

Gracias a meditar aquí y allá en largos retiros de montaña

He obtenido la confianza plena en que no hay surgimiento.

Esto barrió mi idea acerca de vidas pasadas y futuras

y expuso las apariencias del mundo como siendo todas falsas.

Gracias a cortar de raíz la creencia en el nacer y en el morir

He obtenido la confianza plena de la no separación

En la talidad del verdadero ser.

Esto barrió la felicidad y el dolor como siendo realidades existentes

Y expuso los altibajos sentimentales como siendo todos falsos.

Gracias a cortar de raíz la creencia en que hay que tomar o dejar,

Ya sea esto o aquello,

He obtenido la confianza plena en la inseparabilidad

De la luz del alumbramiento de esto o de aquello.

Esto barrió tanto la existencia condicionada como su trascendencia,

Pues dos no son,

Y expuso la diversidad de caminos y niveles

Como siendo todos falsos.

Gracias a esta gran liberación

Yo, Milarepa, no experimento ni esperanza ni temor.

-MILAREPA-

(@) Adaptado al español libremente por despojosdeoccidente al albur de los vientos de la predestinación y sin el permiso pertinente de los que creen ostentar los derechos de propiedad intelectual de la versión en lengua inglesa.

COMENTARIO:

Hasta aquí hemos llegado, hasta el filo del borde de la decrepitud de este cuerpo doliente, que ya apenas nos da un respiro, sin que por ello haya mengua en la experiencia gozosa de la visión contemplativa en la no separación de la Realidad Genuina, residiendo en esto la clave de la confianza plena en la realidad de lo que es, de lo que somos, más allá del velo de las apariencias.

No cabe duda que morir la no muerte de la no vida es una maravilla para todo el mundo, excepto para los obnubilados con las proyecciones de las sombras que el yo refleja a lomos de la falsa creencia en que lo no nacido pueda surgir, crecer, deteriorarse y desaparecer.

No hay muerte, pues no hay vida, sino el resplandor de una joya oculta velada por la intensidad de su propio fulgor. Bienaventurados los que lo comprendan y lo realicen en esta no vida, pues en ello les va la salvaguarda en el no temor a los acontecimientos demoledores del fin de los siglos, o de las eras.

FIN.

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