Adiós, desaparezco…

Adiós, desaparezco…

Como desaparecen todas las cosas,

Como desaparece el rocío sobre la verde hierva.

-Banzan-

¿Por qué desaparece todo? ¿Por qué tiende todo al desvanecimiento? Son preguntas acuciantes que nadie se hace, sino los verdaderos hombres, los hombres de Dios (Hezbul-lah), pues el resto anda ocupado tratando de velar el desasosiego existencial del vacío omni-penetrante mediante el medrar en todo aquello que refuerza la estrafalaria idea de estar vivos, cuando el único vivo es el Eterno Viviente No Nacido (Allah). En particular todo aquello que exacerba las emociones descorsetadas es particularmente bienvenido y practicado por el ganado humano en aras de su ilusorio afianzamiento en la trama existencial proyectada sobre la faz de la Torta Terrestre, y de ahí su regusto por todo aquello que causa dolor, felicidad, envidia, celos, deseo, ira, ignorancia, etc. La función de las variopintas emociones mundanas es sentirnos vivos, esto es, sentir que hay un yo sufriente, un yo gozante, un yo celoso, un yo furioso, y sucesivamente, y así autoconvencernos de que la ilusoria vida es una palpable realidad y que la realidad real, esto es, la luminosa vacuidad consustancial al “yo”, no existe en modo alguno, por más que todos los modos de la realidad formal no son más que aspectos de un multifacético y luminoso vacío en la no forma que todo lo impregna.

Empero, o pero, todo desaparece por la sencilla razón de que todo ya ha desaparecido desde el mismo instante de su manifestación en el espejo de la consciencia del yo experimentador, ya sea que el sujeto viva en la aparatosidad del aparataje de las apariencias que proyecta el impostado “yo” o que viva en la luz que alumbra al “yo” y a su mundo. Si enseñaran esto a los niños en el colegio no harían falta ni los psicólogos ni los psiquiatras, los cuales no son más que herramientas de Satanás para que el hombre, y sobre todo la mujer, no rectifique su torcida vida y permanezca ateo en el alejamiento de Dios hasta el fin de sus días.

Morir, desfallecer, desvanecerse, declinar, decaer, fundirse, extinguirse y desaparecer, todo ello conforma el hilo de la trama existencial de la existencia condicionada, esto es, de todo aquello que no es Él, (el Eterno), que fue tejida por el Creador para que lo creado fuera alumbrado en la consciencia del ser humano como siendo la luz misma del alumbramiento, en todo tiempo, en todo lugar y en toda condición.

Mas ese, y no otro, es el sentido de la vida, ser lo que ya somos, una deslumbrante luz, tras el abandono del personaje que creíamos ser cuando éramos unos pobres ignorantes.

Es muy importante reflexionar acerca de estas cosas e interiorizar las enseñanzas sagradas aquí resumidas por el bien de toda la humanidad, o sea, para que el mayor número posible de personajes que creen estar vivos sean salvos en la perennidad de la luz del alumbramiento, antes de que se desate la guerra nuclear y el apocalipsis zombi de los desesperados arrase con todo, pues para entonces ya no habrá tiempo de nada.

Los que sobrevivan a la hecatombe planetaria serán transhumanizados, a saber, convertidos en ciborgs sin consciencia, de modo que predicar el Tawhid (la Unidad de Allah) será inútil y solo restará ya esperar a la trompeta final catalizadora de la caída del último velo.

FIN.

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