¿En qué me convertiré? – El mito de la caverna explicado a la luz de la sabiduría de los verdaderos hombres.

¿En qué me convertiré cuando este cuerpo esté muerto
Y se haya ido?
Un pino alto y robusto en el pico más alto
Observa como la nieve blanca cubre todo el mundo.

-Seong Sam-mun-

Adaptación libre al español por despojosdeoccidente

COMENTARIO:

Convertirse en algo solo es posible dejando de ser lo que sea que uno crea ser. Empero, los que no se identifican con nada no se convierten en nada, pues no mutan, no cambian de estado, no transitan las estaciones de lo transitorio en la alteridad de lo otro que Él, sino que permanecen en la no alteridad primigenia del ser en las alturas de la cima de lo no nacido que no muere nunca, desde donde contemplan el devenir de los mundos, ora cubiertos de la fría nieve del alejamiento de Dios, ora prendidos por el fuego de la presencia que da la intimidad con el sol del amor.

Organizar un búnker bien protegido y proveído de víveres para eludir los estragos de la guerra nuclear no servirá de nada, más allá de para propiciar el prolongamiento de la agonía existencial de vivir sin saber para qué se vive y para qué se muere. Lo único que nos ayudará a permanecer en la salvaguarda de una seguridad genuina en medio del absoluto caos es el recuerdo de Dios, esto es, la toma de consciencia de la realidad como siendo una deslumbrante luz sobre cuya faz se proyectan las particularidades de lo concreto de las existencias condicionadas por las sombras que la idea de “yo” proyecta, a modo o manera del mito de la caverna de Platón, en la cual los seres creen estar viviendo, completamente ajenos al maravilloso mundo de fuera, mientras se regocijan en sus propias cadenas.

(1) ¡Por la higuera y el olivo! (2) ¡Por el monte Sinin! (3) ¡Por esta tierra segura! (4) Hemos creado al hombre en el mejor de los moldes. (5) Luego lo hemos devuelto a lo más bajo (6) salvo a los que creen y actúan con rectitud. Para ellos habrá un galardón sin fin. (7) ¿Y cómo podrás, después de esto, negar la rendición de cuentas? (8) ¿Acaso no es Allah el Más Justo de los jueces?

CORÁN, SURA 95.

El Creador creó al hombre en el mejor molde, el molde de la fitrah – la naturaleza que le es propia, a saber, la hornacina donde la luz se proyecta. Luego el Creador devolvió al hombre a lo más bajo, esto es, al olvido de la luz primigenia que alumbró al ser humano y a su mundo (la Torta Terrestre), excepto a los que creen que no vienen del mono, sino de Allah, y no actúan simiescamente movidos por impulsos animalescos. A estos les aguarda el galardón de la rotura de las cadenas de la existencia transitoria y su elevación postrera a la estación atemporal de la contemplación del Bienamado, el deseado por todos los hombres, aunque no lo sepan.

FIN.

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