EL MUNDIAL TERMINÓ Y LOS CAMELLOS VINIERON CARGADOS DE REGALOS

José Luis Abdul Karim Mullor

A-s-salamu alaykum

Dijo Abu Sufian cuando el Quraysh apeló a su honor:

«Mi honor se encuentra a lomos de mis camellos».

El hecho detonante de esta frase lapidaria fue el que el resto del Quraysh le insistió para que se presentara en la batalla de Badr. Temiendo perder las mercancías que traía de Siria en su caravana, se desvió del camino trazado para no ser atacado por los musulmanes, dirigiéndose hacia Meca a fin de salvar la mercancía.

Me tenéis que perdonar, pero sabiendo qué es Qatar y como intervino activamente en la guerra de Siria bajo las arengas del cappo de los Hermanos Musulmanes (Yussuf Qardawi), poca esperanza, mejor dicho ninguna, tenía en que dieran una imagen del Islam al exterior. Y claro, como suponía: la imagen ha sido patética.

Muy divertido fue escuchar que con orgullo se decía que no se venden bebidas alcohólicas en la entrada de los estadios, y sin embargo, quien quisiera beber debería acudir a «las áreas destinadas para ello». Toma castaña!

Pero si la prohibición del alcohol no solamente se extiende al consumo, sino también a la venta, al transporte y a todo cuanto pueda facilitar el consumo. «En las áreas destinadas para ello» – dicen-. Pues vaya pájaros están hechos estos qatarís. Es como ese lupanar llamado Jeddah en Arabia Saudita, en donde se puede hacer todo de todo, solamente a 80 kilómetros de Meca.

Con orgullo lanzaban mensajes diciendo que se enseñaba el Islam a los occidentales, y que tropecientos o miles se convertían a diario. Bueno, imagino que eso, de ser cierto, que lo dudamos encarecidamente, quedaría lejos del «área destinada para el consumo del alcohol». Imaginaos un recién convertido paseando por el área alcohólica de vuelta a su habitación del hotel. Pero Qatar es pequeño y todo queda cerca de todo, y claro, después pasa lo que tiene que pasar.

Eso de la «imagen del Islam» ni los camellos se lo creen, conviviendo como conviven los chepudos animales con los soberbios qataríes.

Ahora, cansado de ver como los musulmanes siguen le mundial como si se tratara de algo importante, habida cuenta de la mafia que lo dirige, todo vuelve a su lugar.

Ningún hermano o hermana ha ganado ni perdido nada de valor, excepto los que han pagado serias sumas para asistir a los partidos que han restado de sus ingresos familiares y los han dado para engrosar los lomos de los camellos de Qatar y de la FIFA.

Y ahora Qatar ya no es un heraldo del Islam. Nunca lo fue, pero apagada la llama se extingue el fuego.

Es así chaytan: ilusiona, promete y luego «bluf», nada de nada.

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