El engaño del alunizaje forma parte de la GRAN MENTIRA para la subyugación del ser humano a una cosmovisión atea y no trascendente de la existencia.

¿Por qué aterrizar una nave espacial en la luna sigue siendo tan desafiante?

No puedes fallar el tiro. Solo tienes una posibilidad de éxito.

Mark Kaufman para Mashable

A solo unos 1,600 pies sobre la superficie de la luna, Neil Armstrong tomó el control del módulo de aterrizaje lunar Apolo. El ordenador de la nave espacial había guiado a la tripulación a un campo lleno de rocas, por lo que el legendario piloto tuvo que alejarse de allí rápidamente. Mientras tanto, sonaron alarmas errantes en el módulo y un indicador mostró que pronto se quedarían sin combustible.

Afortunadamente, Armstrong y Buzz Aldrin aterrizaron y caminaron sobre la luna en el verano de 1969. En rápida sucesión, cinco más misiones Apolo aterrizarían en la superficie lunar en los años siguientes. Ahora, medio siglo después, la NASA tiene como objetivo llevar de nuevo a los astronautas a la luna, posiblemente ya en 2025. La agencia espacial lanzó recientemente con éxito su nuevo y poderoso cohete, el Sistema de Lanzamiento Espacial, y en una misión de prueba fundamental, la nave espacial Orión sin tripulación está ahora orbitando la luna.

Sin embargo, llevar personas a la luna sigue siendo una hazaña enormemente ambiciosa.

«El hecho de que fuimos allí hace 50 años no lo convierte en un esfuerzo trivial», dijo a Mashable Csaba Palotai, Presidente del Programa de Ciencias Espaciales en el Departamento de Aeroespacial, Física y Ciencias Espaciales del Instituto de Tecnología de Florida.

La NASA ya seleccionó a la compañía de exploración espacial SpaceX para construir su primer módulo de aterrizaje lunar y, a principios de este año, pidió a otras compañías que propongan sus versiones de estos módulos. Cualesquiera que sean las naves que aterricen finalmente en la luna, enfrentarán desafíos abrumadores, pero superables, por delante. «Es un desafío, como muchas de las cosas que hacemos», dijo a Mashable Tom Percy, ingeniero principal del Sistema de aterrizaje humano en el Centro de vuelo espacial Marshall de la NASA.

La luna prácticamente no tiene atmósfera.

Cuando las naves espaciales aterrizan en la Tierra, utilizan la atmósfera para reducir la velocidad, como vimos cuando regresaban los transbordadores espaciales y las cápsulas Apolo. Pero la atmósfera de la Luna es extremadamente delgada, comparable a las lejanas afueras de la atmósfera de la Tierra, donde orbita la Estación Espacial Internacional. Esto significa que la desaceleración depende del lanzamiento de propulsores. «No hay atmósfera, por lo que no podemos flotar», explicó Palotai. «No hay nada que te frene excepto tu motor».

Es crucial ya que esto es lo que les da a los astronautas márgenes de error más pequeños. El material propulsor es limitado. La NASA proporciona suficiente combustible para hacer frente a cosas inesperadas, como una corrección de vuelo crucial, dijo Percy. Pero la misión, por lo general, no puede permitirse grandes percances. «Literalmente, solo tienes una posibilidad de ‘exito», dijo Palotai.

Sin GPS en la luna.

En la Tierra, las aeronaves dependen del GPS, el sistema de navegación por satélite administrado por el gobierno de Estados Unidos para proporcionar coordenadas de aterrizaje precisas a medida que los aviones y otras naves se mueven por el cielo. Pero no existe tal red de satélites que rodee la luna. «El GPS no funciona en la luna», dijo Percy.

Por lo tanto, la NASA aún debe navegar como lo hizo durante las misiones Apolo hace más de cincuenta años. Se basarán en las computadoras del módulo de aterrizaje lunar para calcular cómo la nave espacial debe disparar los propulsores para mantenerse en curso hacia un lugar específico de aterrizaje en la luna. Es importante destacar que los astronautas tendrán la capacidad de tomar el control de la nave, como lo hizo Neil Armstrong, si el sistema comete un error.

Pero los astronautas de hoy tendrán mucha más ayuda cuando hagan su aproximación final. La tecnología moderna, llamada «navegación relativa al terreno», utiliza una cámara para trazar un mapa del suelo durante el descenso. Asegurará que los astronautas se dirijan al lugar correcto y ayudará al módulo de aterrizaje a evitar cráteres o rocas. Aterrizar accidentalmente en una roca podría ser catastrófico. «En tal caso, hay muchas posibilidades de que tengas un mal día», dijo Percy.

SONDAS.BLOG: Resulta intempestivo que aparezca, cuando ya agoniza el año 2022, un artículo que nos habla de las dificultades que podrían tener los módulos tripulados en su alunizaje, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de una experiencia que ya hemos tenido al menos cinco veces hace medio siglo. ¿Por qué, entonces, se habla de un desafío al que ya hemos hecho frente con éxito? Su objetivo es hacer tiempo –tenernos entretenidos mientras preparan la siguiente pandemia, otra guerra local… otra catástrofe.

A nadie le importa, y menos que a nadie a la NASA, el espacio, la luna, Marte, la atmósfera, pues ya lo hemos comprobado una y otra vez, y antes que nadie la Unión Soviética, que se trata de un universo cerrado y dividido en cielos impenetrables. Es un disparate que, como el fútbol, los Juegos Olímpicos, las crisis económicas… funciona porque genera quistes en los que el hombre vive realidades virtuales y en los que experimenta un continuo cambio de valores. Es como si viera una película de ciencia ficción de la que él forma parte.

El artículo es una bazofia periodística y no menos –científica, pero cumple el papel de recordarnos que ya hemos estado en la luna, que aquello fue coser y cantar, nada se interpuso en nuestro camino –ni radiaciones, ni cinturones Van Allen, ni las altas temperaturas de reinserción en la atmósfera.

Mas esa es otra historia, una página brillante, una hazaña sin precedentes. Guardémoslo en nuestra memoria colectiva y adentrémonos en el futuro. Aquellos ingenieros, los de la proeza, ya han muerto. Muchas de sus fórmulas se han perdido y habrá que empezar de nuevo, como si nunca hubiéramos lanzado un cohete a la luna, como si nunca hubiéramos alunizado.

A solo unos 1,600 pies sobre la superficie de la luna, Neil Armstrong tomó el control del módulo de aterrizaje lunar Apolo. El ordenador de la nave espacial había guiado a la tripulación a un campo lleno de rocas, por lo que el legendario piloto tuvo que alejarse de allí rápidamente.

No es de extrañar que el ordenador de a bordo les guiase erróneamente, pues en 1969 no había ordenadores. Había calculadoras, pero éstas no eran capaces de realizar estas complicadas operaciones.

Mientras tanto, sonaron alarmas en el módulo y un indicador mostró que pronto se quedarían sin combustible.

Sin embargo, y a pesar de que no tenían otro freno que sus propulsores echando fuego y gastando enormes cantidades de combustible, lograron alunizar, más tarde despegar y, finalmente, volver a la nave.

Ahora, medio siglo después, la NASA tiene como objetivo llevar de nuevo a los astronautas a la luna, posiblemente ya en 2025.

Cuesta trabajo imaginar cuál pudo haber sido la causa de este parón lunar cuando todos los viajes, de ida y vuelta, habían sido todo un éxito. Sabíamos cómo ir y cómo volver; cómo alunizar; cómo recoger muestras del suelo lunar; cuál era el traje idóneo para esos viajes. Mas supongamos que hubo una causa, una poderosa razón para no volver a nuestro amado y romántico satélite. Mas ello, la existencia de una causa, de una razón, no explica por qué 50 años más tarde, ahora sí con unos ordenadores superpotentes, con una tecnología muy superior a la de entonces, y con la experiencia acumulada de cinco viajes a la luna, resulta tan complicado volver.

La agencia espacial lanzó recientemente con éxito su nuevo y poderoso cohete, el Sistema de Lanzamiento Espacial, y en una misión de prueba fundamental, la nave espacial Orión sin tripulación está ahora orbitando la luna. Sin embargo, llevar personas a la luna sigue siendo una hazaña enormemente ambiciosa.

¿Cómo puede decir el autor del artículo que llevar gente a la luna es una «hazaña ambiciosa»? Ésta es una expresión que se utiliza para hablar de algo que todavía no se ha realizado; por ejemplo, diríamos que ir a Marte o mandar naves tripuladas fuera de nuestra galaxia… son hazañas muy ambiciosas. Mas ¿cómo puede ser ambicioso hacer lo ya se ha hecho cinco veces?

La NASA ha seleccionado a la compañía de exploración espacial SpaceX para construir su primer módulo de aterrizaje lunar y, a principios de este año, pidió a otras compañías que propongan sus versiones de estos módulos.

¿Primer módulo lunar? ¿SpaceX? ¿Otras compañías? Pero ¿es que la NASA no ha construido cinco módulos lunares con los que ha alunizado? ¿Dónde están esos módulos? ¿Dónde está esa tecnología que ha funcionado, según la NASA, a la perfección; que han sido capaces de alunizar y volver a la Tierra sin la necesidad de que hubiera una gasolinera inter-estelar?

Cualesquiera que sean las naves que aterricen finalmente en la luna, enfrentarán desafíos abrumadores, pero superables.

De nuevo, nos encontramos con expresiones que explican y describen situaciones nuevas, que nunca antes se han realizado. ¿Cómo después de cinco alunizajes exitosos se puede hablar de «desafíos abrumadores»? ¿Acaso nos están preparando para justificar el fracaso?

La atmósfera de la luna es extremadamente fina. Esto significa que la desaceleración depende del lanzamiento de propulsores. «No hay atmósfera, por lo que no podemos flotar», explicó Palotai. «No hay nada que te frene excepto tu motor».

Entendemos el fastidio que supone esa finísima, casi inexistente, atmósfera de la luna, pero eso es algo que ya sabemos; que sabe la NASA, sus ingenieros; pero todo parece indicar que no es ningún problema, pues esos módulos alunizaron cinco veces, posándose sobre la superficie lunar como se posaría una paloma.

La NASA proporciona suficiente combustible para hacer frente a cosas inesperadas.

Y, sin embargo, sonaron las alarmas. Se quedaron sin combustible. Pero, quizás, esas alarmas se apresuraron a la hora de encenderse, pues nada les impidió a los astronautas alunizar y regresar a la nave. Parece un cuento de hadas.

«El GPS no funciona en la luna», dijo Percy. Por lo tanto, la NASA aún debe navegar como lo hizo durante las misiones Apolo hace más de cincuenta años.

Curiosamente, cuando la NASA afirma que fue a la luna ni siquiera había GPS en la Tierra; ni se podía medir la radioactividad que presumiblemente conformaban los cinturones Van Allen. No había escudos protectores para hacer frente a 2,200 grados centígrado. Y, sin embargo, todo fue bien. Mas ahora todo va mal. El programa Orión estaba programado para el año 2018. Después se pospuso hasta 2019 y luego se advirtió que no podría llevarse a cabo antes de 2020.

Desviemos nuestra mirada del espacio profundo y tomemos buena cuenta de lo que nos están montando –una puesta en escena para Ucrania y una segunda pandemia que ya ha empezado en China y que, para combatirla, el Reino Unido propone medidas drásticas. Es posible que la atmósfera de la Tierra se haga cada vez más densa.

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