Perderse para encontrase. La visión trascendente de la existencia según los verdaderos hombres.

Piérdete,
Piérdete.
Escapa de esta forma terrenal,
Porque este cuerpo es una cadena
Y tú eres su prisionero.
Rompe el muro
De la prisión y camina afuera
Con los reyes y príncipes.

Piérdete,
piérdete al pie del glorioso Rey.
Cuando te pierdas ante el Rey,
Te convertirás en Él.

-RUMI-

Adaptado al español por despojosdeoccidente

COMENTARIO:

Continuamos hoy, Dios mediante, mediente el influjo beatificante de la visión no separada de la luz de un asombroso discernimiento, comentando la segunda parte del maravilloso poema de Rumi llamado “Piérdete”, en alusión a que la única manera de encontrarse a uno mismo es perder de vista todo aquello que no es Él, es decir, que solo perdiendo de vista la impostura del velo de lo creado se halla la hermosura de hollar las moradas celestiales y eternas, donde la criatura y el Creador son una y la misma cosa en la luz de la presencia beatífica.

Perder el mundo no es negar el mundo, sino afirmar lo sobrenatural que al mundo subyace mediante la clara visión del ojo del corazón anclado a la luz que alumbra el mundo, una vez desenredado y desanclado de los nudos que lo ataban a las sombras del espejismo del yo que peregrina hacia la luz.

De esta forma, o manera, hollando el camino de la no-forma en las formas del mundo, los amantes se elevan hacia el Rey de la Gloria, de instante instante y en toda circunstancia que marca lo particular, para trascender así lo temporal en la atemporalidad omni-presente que todo lo preña de las bendiciones que riegan las benignas nubes del sosiego, del amor y de la belleza.

La compresión de esto alumbra todos los caminos que el sabio surca en la temporalidad de la Torta Terráquea, catalizando así el vivir en la presencia de la luz del alumbramiento sin necesidad de abandonar el mundo de sombras que la idea de “yo” proyecta. Todo lo que no es Él es un recuerdo que activa Su majestuosa omni-presencia, de modo que el sabio no tiene necesidad de morir para elevarse a la estación de la perfección de la unión con el Amado, sino que la perfección ya le alcanza en esta imperfecta vida mundana por el abandono de todo lo que Él no es.

Una vez caído para el sabio el velo que los necios llaman “muerte”, lo igual se une a lo igual en una inercia jolgoriosa, amorosa, festiva, triunfante y mansa, como las aguas mansas de un ancho río que se abre a la inmensidad de la vastedad de un tranquilo mar.

Empero, los que llevaron la vida angosta, estrecha, del malsano yo-lo-valguismo idólatra y ciego, se perpetuarán post-mortemente en las estrecheces de la falta de visión espaciosa, luminosa, amorosa y trascendente en la que medraron en vida, y no desembocarán sino en las sombras de aquello que en el mundo terrenal fue su quibla. Esto es, que los ateos degustarán la amargura de los pecados que los alejaron de Dios, en toda su justa medida.

Es muy importante reflexionar acerca de estas cosas antes de que las hordas de la desolación abominable se alcen y comience la persecución post-apocalíptica de los justos, incluso más importante que comer, pues es por la falta del alimento espiritual por lo que mueren los hombres cuando mueren, en contraposición a los verdaderos hombres -los hombres de Dios, que cuando mueren, viven.

Para saber más, leer el Corán.

DEDICADO A ELLA, CON AMOR.

FIN.

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